Tu Calidad de Vida (Diego Gallardo)

Salud, Bienestar y Calidad de Vida


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La piedra en el Lago

Era una mañana de sábado de uno de los primeros días de primavera, un día de esos que ya el Sol se atreve a brillar por encima de las nubes, sin complejos de invierno y hace resplandecer las primeras flores de la temporada. Era un día distinto, en el ambiente se respiraba algo especial. Las personas se cruzaban unas con otras y se saludaban dándose los buenos días, aún sin conocerse.

La escena era reconfortante, en ese parque rodeado de bancos para sentarse alrededor del lago artificial, en el que flotaban nenúfares y se movían graciosas ocas, cisnes y patos. En uno de esos bancos se podía distinguir la figura, gris y triste de un hombre de unos 40 años, que esperaba a alguien (era evidente pues no paraba de mirar el reloj). El hombre, al que por razones obvias llamaremos Tristán, estaba sentado y absorto en sus pensamientos, con la mano acariciándose la barbilla y la mirada perdida en el horizonte, una mirada que traspasaba cualquier elemento de la escena que le rodeaba.

Cinco minutos antes de la hora convenida, llegó. Con paso firme y decidido se acercaba al banco ocupado por Tristán que lo miraba con un sentimiento mezclado entre envidia (sana?) y admiración. Tristán observaba cómo se acercaba su amigo, con el porte erguido, los hombros hacia atrás, la frente alta, y saludando a las personas con las que se cruzaba con una sonrisa en los labios.

Ángel llegó al banco y saludó efusivamente a Tristán, ofreciéndole su mano para estrecharla con fuerza, una vez que le estrechaba la mano, tiró de Tristán, hasta que éste se puso de pie, para darle un fraternal abrazo, al cual respondió Tristán con emoción.

Los amigos compartieron el banco y empezaron a hablar, ya hacía algunos meses que no se veían. La charla empezó sobre algunos temas intrascendentes, pero Ángel sabía que su amigo Tristán no lo había citado allí para hablar de cosas banales, así que le preguntó directamente:

–         Tristán, amigo. Sé que me has llamado porque crees que puedo ayudarte en algo, sabes que somos amigos y no tenemos que andarnos por las ramas. Dime, Tristán, ¿en qué puedo ayudarte?.

–         Ángel, te agradezco que hayas venido hasta aquí, no esperaba menos de ti, sé que puedo contar contigo, me lo has hecho saber siempre. Necesito hablar contigo, sólo quiero eso, poder hablar contigo y que me des una opinión.

–         Dime Tristán, te escucharé sin interrumpirte, cuéntame.

–         Bien, mira Ángel, desde un tiempo a esta parte todo me sale mal. Estoy en un circulo vicioso del que no puedo salir. No sé que fue primero, pero tengo problemas en el trabajo, al llegar a casa discuto con mi esposa, no trato bien a mis hijos, que cada vez están mas rebeldes, y cada día me encuentro peor. Es un infierno, me encuentro incapaz de afrontar todo esto y cada vez va a peor. Me pregunto que mas me puede pasar, porque estoy seguro que esta espiral no va a acabar.

Tristán calló por unos segundos para poder deshacer el nudo que se la iba haciendo en la garganta, tomo aire y prosiguió:

–         Mira Ángel, yo pienso en ti y eres todo lo contrario, la gente te aprecia, todos callan cuando tu empiezas a hablar, tu mujer te adora y eres capaz de cualquier cosa, siempre estás positivo. ¡ Todo a tu alrededor es fantástico ¡ Eres un imán para la buena suerte… – Tristán comenzó a sollozar – Ayudame Ángel, díme cómo lo haces.

Ángel puso cálidamente su mano sobre el hombro de su amigo y trató de calmarlo con la mirada.

–         Amigo Tristán. Tienes que salir de esa espiral, tienes que parar la rueda. Yo no sé si soy el mas apropiado para responderte, pero te diré una cosa muy importante: “Tu eres La piedra del Lago”

Tristán cesó de sollozar y miró fijamente a Ángel, esperando que le explicase que era eso de La piedra del Lago.

–         No me mires así, Tristán. Si, amigo, eres cómo… bueno mejor acompáñame.

Ángel se dirigió a la orilla del lago seguido por Tristán, al llegar al borde del lago artificial miró hacia el suelo y encontró una pequeña y redondeada piedra negra, que tomó y guardó en su mano. Se dirigió a Tristán y le dijo:

–         Tristán, ¿qué ves en el lago?, dime todo lo que ves en él y que ambiente se respira.

–         Bueno, pues veo que el agua está calmada y tranquila, veo unos quince o veinte nenúfares, en uno de ellos hay una rana, algunas libélulas y una familia de cuatro patos, dos ocas y tres cisnes. Lo normal en un lago.

–         Bien, Tristán. Vemos un lago tranquilo, sereno, con una familia de patos aparentemente en buena sintonía, una rana cantando feliz, y demás elementos… pues observa esto.

Ángel dio un paso atrás echó su brazo con fuerza hacia atrás y lanzó con todas sus fuerzas la piedra negra justo al centro del lago. La piedra cayó, con estrépito en medio del lago salpicando todo a su alrededor, de inmediato, cómo si de una onda expansiva se tratase, se crearon círculos alrededor de la zona del impacto. Los nenúfares se tambalearon, la rana huyó despavorida, las libélulas desaparecieron, quizás alguna con el nerviosismo fue víctima de la rana, la familia de patos alzó el vuelo y los cisnes y las ocas se escondieron entre las cañas. La acción de Ángel no solo tuvo consecuencias dentro del lago, sino que a su alrededor las personas que paseaban empezaron a recriminar a Ángel tal acción, propia de un chico travieso, no de un adulto.

–         ¿Pero que has hecho Ángel?

–         Te lo voy a explicar Tristán. El lago es todo lo que te rodea, podemos ver nenúfares que pueden ser familiares y amigos, libélulas que pueden ser vecinos y compañeros de trabajo, la rana que si quieres puede ser tu jefe, la familia de patos que puede ser la tuya misma y las ocas y cisnes que puedes elegir tu mismo su papel. La piedra eres TU, Tristán, de tu actitud depende todo tu ecosistema. Has visto cómo esa piedra tóxica negra al caer ha contaminado todo el lago, todos han huido y lo que antes era calma y bienestar se ha transformado en caos y desastre. Imagina que en vez de una piedra negra hubiésemos echado una pluma blanca, en ese caso no hubiese pasado nada. La piedra y las ondas que produce tienen efectos devastadores, Tristán, por muy grande que sea el lago, las ondas que produce la piedra llega hasta la orilla.

–         Te comprendo, Ángel. Quieres decir que debo de cambiar mi actitud, para que todo cambie a mi alrededor, ¿no es así?

–         Así es amigo. Cuando te levantes, lo primero que debes hacer es besar a tu mujer, da igual lo que pasara ayer, bésala. Después de desayunar sal a la calle para ir a trabajar, camina erguido, con los hombros hacia atrás, la frente alta y con los puños cerrados con confianza en ti mismo, saluda a todas las personas con las que te cruces, el primer día se extrañarán, pero los siguientes días te saludarán sonriendo, si vas en coche a trabajar, no escuches la radio de noticias, te amargan la vida, escucha una emisora de música. Al llegar a trabajar saluda a todos… ¿Me entiendes, Tristán? Si cambias tu actitud es contagioso, todo a tu alrededor cambiará, todo mejorará.

–         Te entiendo, Ángel, soy la Piedra del Lago, pero a partir de ahora ya no seré la piedra tóxica negra, seré la piedra blanca. Gracias amigo, dame un abrazo.

Diego Gallardo

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Los números de 2011

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 12.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 4 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.


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El sentimiento mas noble

Hoy quiero expresar lo que siento acerca del sentimiento mas noble que existe, bajo mi punto de vista y por otra parte sobre el sentimiento mas dañino que nos puede afectar, del cual hablaré en otro artículo.

Para mi, no hay dudas, el sentimiento mas noble es el PERDÓN, y por otro lado el sentimiento mas dañino es el ORGULLO (próximamente en otro artículo).

EL PERDÓN

Así es, creo que el sentimiento mas noble que puede existir es el perdón. Después de cualquier daño que nos hayan causado, el no iniciar el proceso del perdón, es alargar el daño que nos han generado, hasta el infinito y permitir que germine en nuestro interior la semilla del rencor, la ira y el odio.

Los que ya me conocéis, sabréis que no abordo el concepto perdón desde el punto de vista religioso, ya que entiendo que es un tema personal de cada persona y no soy quien para valorarlo (respeto toda creencia) abordo el tema del perdón desde mi punto de vista propio, desde mi ética personal.

El perdón nos purifica, nos libera, nos ayuda a seguir adelante y a metabolizar el daño sufrido. No podemos vivir con odio o deseos de venganza en nuestro interior, sentimientos que nos amargarán la vida y nos insensibilizarán en un futuro ante cualquier señal de arrepentimiento de la persona causante del daño.

Es evidente que a veces nos pueden infligir un daño tremendamente doloroso que sea prácticamente imposible de perdonar (casos de extrema dureza, que no necesitan ejemplos), en esos casos se nos hará muy difícil perdonar…

En la mayoría de los casos, aun no siendo tan doloroso el daño, somos reacios a perdonar.

Para mi existen dos tipos básicos de daño; el daño causado sin la única intención de causarnos dolor y por otro lado el daño con intención, premeditación y alevosía.

Empecemos por el daño “sin intención”. A veces nos podemos sentir dolidos por alguien que ha cometido o ha omitido una acción que nos deja en una situación de pesar y dolor. Debemos ir mas allá, buscando los motivos y la situación previa al momento de habernos dañado, es conveniente intentar entender porqué ha pasado lo ocurrido y si podíamos haberlo evitado, o si podíamos haber intentado aminorar el daño. Es importante utilizar la empatía para ponernos en el lugar del causante, y entender cual fué el desencadenante.

El otro caso es el daño CON intención. Existen personas que por diversos motivos nos van a causar daño con la intención de hacernos pasar situaciones desagradables o dolorosas. En este caso es mas necesario deshacernos de todo sentimiento negativo y “desactivar” el daño con el perdón. No debemos nunca dejar que sentimientos negativos nos compliquen la existencia. En estos casos si no perdonamos y seguimos nuestro camino, nos convertimos en “cómplices” del causante, al seguir haciéndonos nosotros mismos daño con sentimientos negativos.

Hace unos años, una persona a la que admiraba mucho me dijo: “Diego, cuando a mi alrededor ocurre algo desagradable, algo que no me gusta, algo doloroso que me hace daño, lo primero que pienso es que YO también soy parte responsable de lo ocurrido. Es la única manera de intentar ver si yo he fallado en algo o podría haberlo evitado, de rectificar y evitar así que me vuelva a ocurrir”.

Esa afirmación, que es totalmente opinable y discutible (cómo todas), me hace llegar a las conclusiones que mas arriba he expresado.

Necesitamos perdonar, para conseguir nuestro equilibrio y nuestra madurez emocional.

Necesitamos perdonar, no hay nada mas noble que allanarle el camino del arrepentimiento al causante del daño, no hay nada mas noble que el perdón sincero, no hay nada mas enriquecedor que el perdón, que hace que podamos continuar nuestro largo camino hacia la inteligencia emocional sin conservar ninguna piedrecilla en los zapatos que nos dificulten el trayecto.

No existe la felicidad, si tiene que convivir con la ira, el odio y los deseos de venganza.

Próximamente dedicaré un articulo al ORGULLO y sus consecuencias lesivas para nosotros.

Diego Gallardo

Tu Calidad de Vida


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No voy a darlo por hecho

No voy a darlo por hecho, no voy a darlo por sabido. He comprobado que no debo de dar por hecho que los demás ya saben lo que siento por ellos. He madurado, y he llegado a la conclusión que los sentimientos son cómo pájaros que deben de volar libres, que debemos abrirles la puerta de nuestro corazón para que alcen su vuelo y se conviertan en palabras bellas.

¿De qué sirve amar, admirar, idolatrar o tener afecto y cariño si no se expresa de forma clara?

Así que a partir de ahora, mis palabras fluirán, cual caricias, para expresar lo que llevo dentro.

No voy a privarte de mis sentimientos. No voy a arrepentirme de no haberte dicho lo que siento. Yo necesito decirlo, y tu necesitas oírlo.

La rutina y el tiempo juegan en nuestra contra, pero los convertiré en aliados para abrazarte con mis palabras, cómo la música envuelve a los bailarines, cómo la brisa mece las hojas, cómo las olas acarician los corales.

No voy a darlo por hecho, no voy a darlo por sabido.

Ya está bien, ya es suficiente, la vida es demasiado corta, cómo para ahorrarme mostrarme cómo me siento, así que no voy a regatear, no voy a escatimar en palabras.

A partir de ahora no voy a filtrar mis sentimientos, no voy a tamizar mis afectos.

A partir de hoy trabajaré por expresar en palabras lo que me dicte el corazón.


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Tocar el cielo, tocar tu techo

Cuando era pequeño, miraba al techo y me decía, “cuando sea mayor llegaré a tocarlo”. Han pasado los años y he comprobado que también el techo ha crecido y aún no puedo tocarlo con los dedos. La vida es una continua búsqueda, una continua carrera hacia nuestro objetivo. El éxito no está en “tocar tu techo”, sino que está en la búsqueda de tus objetivos y en el esfuerzo para alcanzarlos.