Tu Calidad de Vida (Diego Gallardo)

Salud, Bienestar y Calidad de Vida


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La Indefension Aprendida

Probablemente este término psicológico te resulte poco familiar, pero lo vas a reconocer rápidamente. Para mi, la Indefesión Aprendida es uno de nuestros mayores enemigos, ya que nos corta las alas ante una posible huída hacia la felicidad, cuando estamos en un mal momento.

El término se lo debemos a Martin Seligman, un psicólogo contemporáneo, especializado en los aspectos positivos de la psicología. Vamos a ver de que se trata:

La Indefensión Aprendida es una conducta con la que las personas “aprendemos” que estamos indefensos, y aún con una salida posible de una situación traumática, no vemos esta salida y pensamos que es inútil cualquier esfuerzo para mejorar. La Indefensión Aprendida, nos lleva a creer que cualquier cosa que hagamos será para nada y que nuestra situación no mejorará de ninguna manera.

Esta actitud, que nos lleva a tener una conducta derrotista y negativa, puede deberse a algún fracaso anterior que nos ciega ante cualquier otro problema posterior y nos ata las manos para poder tratar de zafarnos de ese problema que nos acucia, sin ver las posibles alternativas que se nos presentan para salir de esa situación.

¿Cómo superar la Indefensión Aprendida?

Debemos intentarlo siguiendo estos pasos:

  1. Entender que se trata de una percepción y no de una realidad inamovible.
  2. Asumir que todo pasa (malo y bueno) y que cada día es nuevo y está repleto de posibilidades.
  3. Encontrar formas creativas de afrontar la situación amenazante, hay salida.
  4. Apoyarse en personas que tengan otra forma de afrontar los problemas (asociación con personas positivas).
  5. Volver a analizar la situación en busca de ángulos positivos.
  6. Aceptar, adaptarse y esperar un mejor momento para actuar, si se considera que realmente nada puede cambiarse aquí y ahora.
  7. Centrarse en los aspectos positivos, en vez de enfocarse en el problema o en sus posibles consecuencias negativas.
Me gustaría que vieses este vídeo de Jorge Bucay, que de alguna manera, ilustra la Indefensión Aprendida.


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¿Persigues tu sueño, o el te persigue a ti?

De nuevo, reflexionando sobre los sueños… me hago esta pregunta ¿Eres tu el que persigues tu sueño, o es tu sueño el que te persigue a ti?

Tu me dirás, que son ganas de darle vueltas a la frase, pero no es así, simplemente trato de hacer un alto en el camino, una parada y fonda en la persecución del sueño, una parada de avituallamiento para reflexionar sobre hacia donde voy, y lo mas importante ¿Por qué?

A menudo confundimos el concepto SUEÑO con otro tipo de objetivo, ¿realmente vamos en el camino correcto?, digo esto porque puede ser que “nuestro” sueño NO sea propio, sino impuesto por otros.

Debemos pararnos, y reflexionar:

1º De donde venimos

2º Hacia donde vamos

3º ¿Por qué queremos llegar hasta allí?

4º ¿Cual es la ruta apropiada?

Vamos por partes:

1º De donde venimos. Es decir, debemos tener claro quienes somos, con qué cualidades contamos, cuales son nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades. Esto quiere decir, saber con qué contamos para empezar la carrera hacía nuestro sueño, aún por definir. Ningún velocista de larga distancia empieza una marathón sin preparación previa y sin tener claro si está en el momento de forma apropiado. Saber de donde venimos significa tener claro nuestro potencial, y sobre todo, nuestras carencias para poderlas entrenar y mejorar.

2º Hacia donde vamos. Hay personas que confunden SU sueño, con lo que esperan los demás de él. Esta vida es muy corta, no podemos perder energía en complacer a los demás, a veces nos dejamos llevar por la corriente que se forma a nuestro alrededor, sin tener en cuenta realmente cual es el sentido de NUESTRA vida. Te recomiendo que pidas cita para entrevistarte con tu espejo y una vez frente a él le preguntes: ¿A donde quiero ir?, ¿Qué vida quiero tener?, ¿A qué quiero dedicar el resto de mi vida?. Déjate guiar por la persona que se proyecta en el espejo y haz una cruz roja en el mapa de tu vida, fija una meta.

En este punto, vuelvo al primero en el que te decía que tenías que tener en cuenta con qué cualidades contamos, cuales son nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades. Es importante trabajar en las debilidades y fortalecerlas, el camino va a ser duro.

3º ¿Por qué queremos llegar hasta allí?. Simultáneamente al punto dos, debemos tener claro el motivo por el que queremos llegar hasta nuestra meta. Debemos visualizarnos entrando en la meta y gozando de las mieles del éxito, eso está bien, pero también debemos ver cual será nuestro día siguiente, cual será el cambio que disfrutaremos al conseguir llegar a nuestro destino. Es importante vernos en esa situación para valorar (en positivo) nuestro status una vez alcancemos la meta y comprobar si merece la pena el sacrificio. Evidentemente debe de merecer la pena, sino, el sueño no es tal, sino un objetivo momentáneo, un espejismo en medio del desierto, que se desvanece al ir acercándonos.

4º ¿Cual es la ruta apropiada?. Todos los caminos conducen a Roma… pero no todos los caminos conducen al éxito personal. El mundo está lleno (cada vez mas) de gurús, maestros, líderes espirituales, y demás especímenes de mentes preclaras que te van a ayudar al máximo en conseguir SUS sueños, no los tuyos, y casi siempre SUS sueños son amasar fortunas o hacer crecer sus egos para que quepan en sus mansiones, conseguidas con la fórmula de convertir sueños ajenos en riquezas propias. Debes de trazar, en ese mapa imaginario, una línea recta entre el lugar en el que te encuentras ahora y la cruz roja que marcaste justo encima de tu sueño, y con paso firme, seguro y decidido ir en su busca, en busca de tu sueño, En Busca de Tu Calidad de Vida (permitidme la cuña publicitaria). En definitiva, debes de utilizar el vehículo apropiado para llegar a tu objetivo, no importa que te sacrifiques mucho o poco, lo importante es el vehículo que te permita llegar.

* Así pues y para terminar, ten claro quién eres, hacía donde quieres ir, porqué quieres llegar y sobre todo, traza tu hoja de ruta.

Persigue TU sueño, no dejes que los sueños de los demás te persigan a ti, y trata por todos los medios que nadie robe tu sueño, que nadie te arrebate la capacidad de soñar.

Diego Gallardo

Tu Calidad de Vida


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El vendedor de sueños

Hoy he comprado un sueño, un señor se me acercó, (o quizás era yo mismo), y me ofreció venderme un sueño, sin nada a cambio, solamente me pidió que lo pensase durante diez segundos y lo desease con todas mis fuerzas.

Así lo hice, pensé en aquello que hace años que quería conseguir, lo deseé con todas mis fuerzas y ! chas ! lo he conseguido.

Te regalo este cortometraje sobre el “Vendedor de Sueños”.

Si en tu vida te cruzas con un vendedor de sueños, tomatelo en serio, hazle caso, visualiza tu sueño haz de él un deseo ardiente y lo conseguirás.


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El Monje y la Prostituta

En las proximidades del templo vivía un monje. En la casa de enfrente moraba una prostituta. Al observar la cantidad de hombres que la visitaban, el monje resolvió llamarla…

“Tú eres una gran pecadora -le reprochó-. Todos los días y todas las noches le faltas el respeto a Dios. ¿Es posible que no puedas detener a reflexionar sobre tu vida después de la muerte?”

La pobre mujer se quedó muy deprimida con las palabras del monje; con sincero arrepentimiento oró a Dios e imploró su perdón. Pidió también al Todopoderoso que le hiciera encontrar otra manera de ganar su sustento.

Pero no encontró ningún trabajo diferente, por lo que, después de haber pasado hambre una semana, volvió a prostituirse. Solo que ahora, cada vez que entregaba su cuerpo a un extraño, rezaba al Señor y pedía perdón.

El monje, irritado porque su consejo no había producido ningún efecto, pensó para sí: “A partir de ahora, voy a contar cuantos hombres entran en aquella casa hasta el día de la muerte de esta pecadora”.

Y, desde ese día, el no hizo otra cosa que vigilar la rutina de la prostituta: por cada hombre que entraba, añadía una piedra a un montón que se iba formando.

Pasado algún tiempo, el monje volvió a llamar a la prostituta y le dijo: -¿Ves ese montículo? Cada piedra representa uno de los pecados que has cometido a pesar de mis advertencias. Ahora te vuelvo a avisar: ¡Cuidado con las malas acciones!.

 
La mujer comenzó a temblar al percibir como aumentaban sus pecados. De regreso a su casa derramó lagrimas de arrepentimiento, mientras rezaba:

Oh, Señor, ¿Cuándo me librará vuestra misericordia de esta miserable vida que llevo?

Su ruego fue escuchado, y aquel mismo día el ángel de la muerte pasó por su casa y se la llevó. Por voluntad de Dios, el ángel atravesó la calle y también cargó al monje consigo.

El alma de la prostituta subió inmediatamente al cielo, mientras que los demonios se llevaron al monje al Infierno. Al cruzarse en la mitad del camino, el monje vió lo que estaba sucediendo y clamó:

-¡Oh Señor!, ¿Es esta Tu Justicia? Yo que pasé mi vida en la devoción y en la pobreza ahora soy llevado al infierno, mientras que esa prostituta, que vivió en constante pecado, está subiendo al cielo.

Al oír esto, uno de los Ángeles respondió:

-Los designios de Dios son siempre justos. Tú creías que el amor de Dios se resumía en juzgar el comportamiento del prójimo. Mientras tú llenabas tu corazón con la impureza del pecado ajeno, esta mujer oraba fervorosamente día y noche.

Su alma quedó tan leve después de llorar y rezar, que podemos llevarla hasta el paraíso. La tuya quedó tan cargada de piedras, que no conseguimos hacerla subir hasta las alturas.


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Tigre o Zorra

Caminando por el bosque, un sacerdote budista vio asombrado a una pobre zorra a la que le faltaban las patas traseras.

Conmovido, pensó que este pobre animal estaba condenado a morir de hambre, ya que estaba privado de buscar sustento. Sin embargo, observó que un tigre se acercaba a ella, y lejos de agredirla como esperaba, le entregó comida.

Atónito, decidió observar lo que ocurría en los días siguientes. Para su asombro, el tigre siguió llegando puntualmente, y la zorra sobrevivió.

El hombre interpretó lo que había presenciado como una señal de Dios, y decidió sentarse en lo más profundo del bosque, en actitud contemplativa, absorto en los pensamientos de la bondad del Todopoderoso que proveería también su sustento.

Pero pasaron los días, y la ayuda no llegó. El monje se debilitaba, pero su fe lo hacía persistir en su intento de seguir las instrucciones.

Más como la situación se volvía insoportable, y sintiendo que moriría, clamóincrepando a Dios y le reclamó su falta de atención. “He seguido tus señales” dijo, “pero veo que lo que haces con un simple animalito como la zorra, no lo haces por uno de tus monjes, ¿por qué, Señor, por qué?”.

Fue entonces cuando escuchó una voz suave pero firme: “¡Ah hijo mío! Interpretaste mal mi mensaje. ¡Es el papel del tigre el que debiste asumir, no el de la zorra!”

¡Mucha gente se hace la misma pregunta del monje!.

La respuesta llegará si escuchamos atentamente. Entonces comprenderemos que Dios trabajará a través de nosotros, de lo que podemos hacer. Sentiremos en toda su intensidad la responsabilidad que nos confiere.

Debemos ayudar a quien lo necesite, nos toca jugar el papel del tigre, no el de la zorra. Las oportunidades de ayuda nos rodean, están en todas partes.

Veamos que no nos pase lo que al pequeño pez que preguntaba al grande dónde podía encontrar el océano, mientras nadaba en el. Nos hará bien la recomendación que Anthony de Mello le dio: “Deja de buscar, pequeño pez. Sólo tienes que abrir tus ojos y mirar. No puedes dejar de verlo”.

    LO NEGATIVO: Sentir tanta lástima por nosotros mismos, que nos volvamos dependientes, esperando siempre por la ayuda de los demás.

    LO POSITIVO: Entender el mensaje. Comprender el rol que nos toca desempeñar en este mundo.

Dios nos pide jugar el papel del tigre, no el de la zorra.


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Cosas que nunca debi aprender

Anoche dormí mal, no paré de dar vueltas en la cama. Una idea fija no me dejaba dormir. Quizás fue por estar todo el día con el sonido de fondo del recuerdo del 11-S que cumplía 10 años, a lo mejor fue por que finalmente acaba el verano y hoy empezaban los niños el colegio, o no se si sería porque empieza (con dos años de retraso) mi “crisis de los 40”. Lo cierto es que anoche dormí mal, no paré de dar vueltas en la cama y una idea fija no me dejaba descansar; pensaba en tantas cosas de que no debí aprender en esta vida.

Cómo pude, concilié el sueño, debatiéndome en este pensamiento recurrente.

A continuación te expongo algunas de “esas cosas que no debí aprender jamás“:

* No debí de aprender a que la primera impresión es la que cuenta. Todos tenemos derecho a equivocarnos y rectificar, no debemos crucificar, ni condenar por una primera impresión… Si no hubiese aprendido eso nunca, hoy tendría mas amigos.

* Jamás debí de aprender que a partir de los 12 años no aprendemos nada nuevo y se nos mueren 10.000 neuronas al día. Esto nos hace tener una excusa sensacional para decir; ” con la edad que tengo, no voy a cambiar, ya no voy a aprender nada nuevo “… No debemos de abandonar las ganas de aprender que son la mayor fuente de neurogénesis (resurrección de las neuronas) que existe. Quiero aprender mas, aunque pierda neuronas a diario… alguna quedará para trabajar, y se compensará con mis ganas de crecer, aun así, reforzaré mi dieta con Omega 3 y 6.

* Nunca debí aprender que el trabajo dignifica, ya que hay trabajos que son indignos… Quizás debí aprender que sea cual sea tu trabajo hazlo con la mayor dignidad, entonces, si tu dignificas tu trabajo te sentirás realizado con él, y por ende, te dará mas satisfacciones.

* Fue un error aprender a decir: “ Mmm bueno, vale “, cuando quería decir NO. Debemos de aprender a decir NO, cuando queremos decirlo, a no asentir por compromiso o por cobardía. Sobretodo, debemos aprender a decirlo a quienes se aprovechan de nuestra inseguridad.

Aprender

En fin, de momento lo dejo aquí, pero me gustaría que reflexionases sobre esto y me dijeras: “¿Cúantas cosas no debiste aprender jamás?

Diego Gallardo

Tu Calidad de Vida


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¿Buena o mala suerte?

A pesar de ser un campesino muy pobre, tenía un caballo extraordinario, tan fino que el señor del castillo quería comprárselo, pero el viejo labriego se negaba a vendérselo.

-Para mí, este caballo no es solamente un animal, es un amigo. ¿Cómo puedo vender yo a un amigo?

Una mañana el labrador entró al establo y no encontró a su caballo. Al enterarse, los vecinos le dijeron:

– Te lo advertimos. Debiste haber vendido el caballo, te negaste y ahora te lo robaron. ¡Qué mala suerte tienes!

El viejo hombre les respondía:

– ¿Mala, o más bien buena suerte?

Todos se burlaban de él.

Dos semanas después, el caballo regresó seguido de una manada de potros salvajes. Su corcel había escapado detrás de una hermosa yegua y retornaba ahora con la manada entera siguiéndolos.

– ¡Qué suerte! -exclamaron los vecinos.

El viejo hombre inició entonces con su hijo la tarea de domar los caballos. Una semana más tarde, el muchacho se rompió una pierna entrenando a los potros.

– ¡Qué infortunio! ¿Quién lo va a relevar, si no tiene cómo contratar a un reemplazo? –comentaron los vecinos.

El anciano les contestó:
– ¿Mala, o buena suerte?

Pasaron unas semanas, cuando de repente el ejército real llegó al pueblo y alistó a los jóvenes en sus filas. Todos fueron enrolados excepto el hijo del viejo, quien no les interesó, porque tenía una pierna fracturada.

– ¡Qué suerte tienes! -le dijeron los vecinos llorando-. A nuestros hijos se los llevaron a la guerra y probablemente morirán, mientras tu hijo permanecerá contigo.

Conmovido, el viejo hombre replicó:
– Buena o mala suerte, ¿quién sabe?

La vida es más rica y generosa que nuestra imaginación. Todo lo que nos sucede, por muy difícil y doloroso que sea, está cargado de tesoros y posibilidades.
Abre tu corazón y tu mente. Usa tu fuerza y tu coraje para buscar lo mejor de cada situación. Así harás más llevaderas las adversidades. Las podrás usar para crecer y sobre todo contribuirás a tu felicidad y a la de los tuyos.